PREGUNTA: ¿Qué le ha pasado al contador de visitas del blog? RESPUESTA: Parece ser que está estropeado. ¿Te acuerdas de las interferencias que el robot ocasionó en algunos blogs y las quejas que recibió por parte de blogger? Pues eso ya terminó. Ahora lo que se ha roto es la cogida interior del mecanismo del contador, y claro, la chapita con el número se ha quedado colgando.
Cuando no es por una cosa es por otra. El caso es que el contador está otra vez parado y no vamos a poder saber el número de visitas hasta que no venga el técnico y lo arregle.
Contador estropeado
PREGUNTA: Oye, y con respecto al robot y eso...¿qué está pasando ahora en la serie Hazañas Bélicas?Porque no hay quien se la lea. Es muy aburrido eso de la guerra.
RESPUESTA: Llevas razón. En los últimos datos del índice de audiencia se ve que esa serie está perdiendo share. "Marta la zorra" y "Los que estamos a este lado" siguen acaparando records de audiencia en el blog de la botica.
PREGUNTA: ¿Piensas eliminar esta serie del blog?
RESPUESTA: No. Pienso ponerle las pilas a los putos guionistas.
Angelita repasaba una y otra vez aquel mensaje que había recibido de sus contactos en el Ministerio del Interior en Madrid. No lo podía creer. Había algo en aquella orden confidencial que le hacía presagiar los peores augurios.
En primer lugar, estaba fechada el 30 de enero de 1965. Hacía ya tres meses de aquello. Demasiado tiempo. Si no fuera por sus amigos en la capital, posiblemente ni se había enterado. El robot llevaba cuatro meses fuera de su control! A Angelita le recorrían escalofríos por la espalda imaginando las caras que tendrían los “corbatas negras” del Ministerio.
Por otro lado, la orden procedía del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) y alertaba a todo el Almirantazgo de la Zona del Estrecho: La Carraca, Grupo Delta, Tiro de costa… Algo muy gordo tuvo que haber ocurrido.
La Carraca, en San Fernando Cádiz
A pesar de lo escueto del mensaje, estaba claro el asunto que lo provocaba: "DETEC 30 A-03". Debía de tratarse de algún avistamiento fortuito del robot, como ya había ocurrido otras veces en pueblos del Aljarafe. Pero estos tropiezos -que lógicamente creaban cierto malestar y alarma social- siempre se habían resuelto con un informe de la Guardia Urbana, con una buena comida para el alcalde, con un regalo. ¿Por qué alertar en esta ocasión a un tercio de la Armada española? ¿Por qué dar la orden de reforzar 24 horas la vigilancia del robot, en vez de detenerlo?
No se trataba de un simple avistamiento. Esta vez era algo distinto. Algo mucho peor.
Cuando uno se encuentra en una posición “de poder” con respecto a otro, tiende a cometer un error muy habitual: amenazar. Es la gran arma del autoritarismo: el miedo. La amenaza suele funcionar con los que se encuentran en una situación de debilidad, que pronto ven tambalearse su futuro .
Pero las personas que –como yo- han pisado barrios poco recomendables de Sevilla, Madrid o Casablanca, y se han visto en situaciones en la que había que apretar el culo y tirar palante, saben que la amenaza es un arma de doble filo. Si amenazas y no acojonas al que tienes enfrente, te has ganado un rival que no te va a amenazar, porque no está en disposición de hacerlo. Actúa directamente.
Es la vieja dialéctica entre el autoritarismo y la subversión.
Pero quitémosle hierro al asunto y extrapolemos todo esto a un entorno más normalizado:
Me enseñaron en los cursos de Formación Moral y Militar (FMM), allá por 1952, que las personas autoritarias son más fáciles de convencer que las personas reflexivas. Aunque en principio pueda parecer lo contrario. El autoritario es impetuoso por naturaleza, su argumento es siempre el mismo: “por mis cojones”. De modo que no siente ninguna empatía, no se pone en la situación del otro, no trata de razonar para comprender o convencer. El autoritario cree que no necesita dar explicaciones, por eso tampoco las pide.
Diapositiva del robot fechada en 1952
Sin embargo, el reflexivo ha pensado antes de actuar. Está convencido de su decisión y actúa en consecuencia. Convencerle de lo contrario es complicado. Si le aprietas un poco más de lo debido, salta.
Esto, obviamente, no es una amenaza: es una reflexión. No soy autoritario, pertenezco más bien a la raza de los reflexivos. Y me atrae mucho la subversión. De siempre.
El robot era de alguna forma consciente de los líos en los que se estaba metiendo. Entre sus circuitos oxidados todavía quedaba algún microchip activo. Por eso intentaba tomarse las cosas con más calma, no afrontar con tanta vehemencia sus inquietudes. Pero en lo más profundo de sus módulos de memoria seguía pensando que su destino era buscar a sus iguales dispersos por el mundo, ocultos, inconscientes… Como si algún dios cibernético le hubiera encomendado esa misión desde un más allá plomizo y magnético.
Seguía obsesionado con aquel “Robot Amador” del que había oído hablar en la Sevilla profunda. Y tenía pruebas de su existencia: rastreando todas las frecuencias de radio posibles y todos los recovecos de la web con su nueva y potente unidad Pukot, había encontrado pruebas evidentes de su existencia:
La Paco Ortega connection anuncia la presencia del Robot Amador
En este disco también aparece!!
También en sitios web encontró el robot vestigios de su existencia:
En yahoo.es
En la web www.flamenco-world.com
Pero casi siempre los resultados eran no available, no found:
Aquí morían todos sus esfuerzos. A punto estaba 3003 de arrojar la toalla, de pura desesperación. (Y ya es difícil que un robot se desepere. O se desperece, vaya. Son cosas que los robots no hacen. Y menos los militares). Tampoco se atrevía a mover nada más, por el temor a meter la pata de nuevo, de modo que dejaba pasar los días, pero sin desconectar nunca su antena de cualquier posible pista que le ayudara a continuar con la búsqueda. Y la posible pista llegó.
Un día, escuchando una emisora de radio local, comprendió que el Robot Amador no era ninguna máquina cibernética ni nada parecido. ¡Es una canción! Y se produjo lo que el Teniente psicólogo Martínez había previsto en su último informe: el robot pasó de la euforia por su hallazgo a una profunda decepción nada más sonar los últimos acordes musicales.
El informe del teniente Martínez lo expresaba de forma muy clara: Este sometimiento subjetivo (del robot) provocará estados de frustración, al no poder llevar a buen término las búsquedas "redentoras" de lo que la máquina viene a considerar "sus iguales".(VerAngelita IV)
En mi casa yo tengo un robot que habla inglés y francés y como me ve que voy tan mosqueado a mi me habla en caló
Vigila mi niña y hace compás este robot es tan enrollao este robot es tan enrollao
Ay! ¡que hasta canta por soleares! ay! ¡no será no de Triana! Y van diciendo por la calle
este robot es Amador este robot es Amador
Mi niña lo ha tocao le ha puesto loco y arte ha probao por bulerias hemos bailao ay! este robot tan enrollao ay! por su gracia y su arte ay! Amador lo hemos llamado ay! cuando hay una fiesta Se siente como un gitano más